ESPACIOS NO CONTAMINADOS

Por la dinámica misma en la evolución de la humanidad, porque hoy existen más seres humanos, más especies animales que habitamos en le planeta tierra y la extensión no aumenta, en cambio si aumenta la contaminación por cuenta de la industria mecánica, química, física y peor aún por cuenta de la industria humana.

Somos las personas quienes más contaminamos con la emisión de basuras, sin conciencia de clasificarlas por lo menos para propiciar el reciclaje, con el abuso en el uso de los electrodomésticos y de los vehículos y con cosas tan sencillas pero graves como son el consumo del cigarrillo, sumado el humo que se emite y el material de las colillas, en pisos, materas, calles, pasillos etc. Y algo elemental del estornudo. Será que si nos detenemos a pensar en la manera como administramos un resfriado, una gripa, una alergia; el estornudar sin cuidado, no solo molestamos a la gente que nos rodea, sino que estamos obligando a la humanidad a recibir los virus, bacterias y porquerías transmitidas por ese acto de irresponsabilidad y falto de educación elemental: estornudar sin taparnos.

El derecho que tenemos a los espacios no contaminados solo está reglamentado por las buenas costumbres, la consideración y el respeto que tengamos frente a los demás. Estornudar fuerte y sin tomar las medidas mínimas es una costumbre de mal gusto, que vemos a menudo en todos los lugares públicos, y esta claro que nadie se salva de un estornudo, pero si podemos controlar educando nuestro cuerpo como lo hacemos con todas la necesidades biológicas. Volvamos al uso de los pañuelos de tela o acudamos a los de papel; pero cuidemos de contaminar el medio ambiente de nuestro entorno cono los estornudos mal educados.

Las autoridades sanitarias en cabeza del Ministerio de la protección social, tienen el deber jurídico y social de reglamentar las medidas necesarias pero también de poner en marcha campañas educativas sostenibles en alianza con el Ministerio de Educación y el de Comunicaciones; de manera que desde nuestra niñez se sepan y se incorporen a las costumbres domésticas y sociales las prácticas necesarias de convivencia y prevención de las enfermedades.

La misión fundamental de la humanidad es perservar, mantener, proteger, conservar y defender la vida. Y en ese contexto una vida con calidad. Cuanta plata, cuantos esfuerzos y malos momentos nos ahorraríamos si por el elemental principio del respeto no se fumara, ni se contaminara con los excesos que hoy se están convirtiendo en la más grave amenaza contra el medio ambiente. Es más grave la cantidad de humo de cigarrillo emitido por el fumador que el emitido por una industria y es más grave transmitir con el estornudo las gripas que tener otra enfermedad genética.

Sume todas las monedas que invierte en la compra de medicamentos antigripales durante el año para su familia y su entorno laboral y será superior al que invierte en campaña de prevención, o con vitaminas o en otras enfermedades. Eso se puede ahorrar, en la medida en que se garantice que un virus o los llamados catarros se propaguen creyendo que eso es natural y por ende se pasa de mano en mano, de pocillo en pocillo, de estornudo en estornudo y así se contamina todo un grupo de personas molestando la salud y la misma economía por las incapacidades producidas por la complicación de esas gripas mal cuidadas y mal educadas.

En cuanto a las enfermedades cardiacas y pulmonares ocasionadas por el humo del cigarrillo de consumidor pasivo o activo, también están en aumento agravando la situación familiar y la salud pública. El tabaquismo y sus factores asociados hoy se metieron en la niñez y la adolescencia; de ahí la importancia que la población adulta entienda la necesidad y la responsabilidad que se tiene frente a ellos. No se puede perder el sentido de la autoridad, debemos involucrarnos en actividades deportivas, culturales y compartir más tiempo con las nuevas generaciones.

Recuerdo que muchas veces escuchamos lo aburrida de la “cantaleta”; pues de esa cantaleta de nuestros mayores nos quedaron los principios, los valores, el respeto y el criterio de lo que es bueno y malo. Ya cuando se es adulto, pues sabemos las incidencias de la decisiones, pero mientras se esta en la niñez y adolescencia no se tiene la madurez para tomar una decisión por ende, hay que mostrarles el camino de asumir las buenas costumbres que les permita un mejor desarrollo humano y un mínimo de respeto en las normas de convivencia.

No es que todo tiempo pasado sea mejor, también nos toco crecer con practicas irresponsables, con necesidades, con limitaciones, con violencias y situaciones difíciles; pero crecimos con el valor agregado de una cantaleta sumada al tiempo de nuestros seres queridos y crecimos con maestros que nos compartían cuentos y fábulas, anécdotas y fantasías que nos ponían a soñar y a construir desafíos. Hoy no todo puede ser virtual, no toda la conectividad puede ser electrónica, la conectividad humana, el folclor, nuestras tradiciones están ahí a la espera de la reactivación de la conciencia y el afecto. El derecho a un espacio no contaminado debe ser deber del Estado y también debe ser una necesidad social que con prácticas domésticas y familiares podemos tener a nuestro alcance.

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