EL NACIMIENTO

A través de los siglos se han celebrado en las diferentes culturas del mundo los fenómenos naturales conocidos como solsticios de verano y de invierno. En esta época el Sol alcanza el cenit, al mediodía en su mínima altura en el Trópico de Capricornio, es por esto que en esta fecha se da el día más corto del año, en los inicios del invierno, un momento de frío y oscuridad que se enciende con la luz de los mejores deseos, dando comienzo a un nuevo ciclo vital.

En el solsticio de invierno la Tierra se aleja del Sol en su elipse más aguda y el frío hace su aparición para dar paso a un período que nos convoca a una serena reflexión, calmar también nuestra belicosa animosidad y enrutarnos por una razón condescendiente y afín con una humanidad libre e igualitaria, en el reino de la justicia equitativa, que no es nada distinto a la doctrina cristiana y a los deberes esenciales que debieran de regir por siempre a la humanidad.

Todo Occidente se vuelca entonces en unidad de celebración conmemorando el nacimiento de una figura que marca nuestro pensamiento desde el actuar más ético: Vivir de tal manera que sea posible la obtención de una armonía constante a través de la práctica del buen actuar evitando el daño hacia nuestros semejantes.

Relaciones que se extienden hacia el orden social en el cual se posibiliten las aproximaciones mediadas fundamentalmente por el respeto a la vida y en el que sea la dialéctica del dialogo la verdadera imposición como sendero para el logro de una ética similar a la del personaje que se rememora hoy desde la Navidad: no hacer a nadie lo que no quiero que me suceda, pero también hacer al otro lo que yo quisiera vivir dentro de las más altas expectativas de lo humano.

Recuperando la simplicidad de la vida y de las sensaciones que nos conectan a la cultura a través de los mitos y los rituales que hemos construido como sociedad y como comunidades, la fidelidad a nuestros sueños, a la vocación mediante el uso de la libertad, y la construcción de comunidades capaces de reconocernos mutuamente.

En esta época tan importante para nosotros, de fiesta, de unión, de felicidad reflexionemos individual y colectivamente sobre nuestros deseos y sembremos de nuestras mejores semillas aprovechando dignamente nuestro presente el “Aquí y Ahora” y llevando nuestra mirada al pasado y al futuro; si lo hacemos, estaremos seguros de que ellos nos darán sin condiciones la llave que abrirá las puertas de nuestro desarrollo integral.

Desde esta perspectiva les invito a que nos unamos a estas celebraciones en armonía, me place enormemente desearles felices fiestas.

elsagladys.com

senadoraelsagladys@gmail.com

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