LA FAMILIA UN LUGAR COMÚN PARA TODOS

Tradicionalmente en diferentes países el día de la familia se conmemora el primer domingo de marzo; en Colombia, esta celebración se asocia con el día de San José, el 19 de marzo. Dadas sus características, al padre adoptivo de Jesús, lo hemos visto ancestralmente como el hombre que asume la responsabilidad en la crianza del hijo de Dios y que lo ama como si fuese suyo. San José asume por tanto la educación del niño y junto a María le brindan la posibilidad al infante de constituirse como ser humano en el grupo social primario.

La noción elemental de familia se encuentra en la unión del hombre y la mujer, situación que crea una serie de derechos y obligaciones, ya sea entre los cónyuges o entre éstos y los hijos. En la legislación colombiana, la familia tiene tres fuentes: el matrimonio, que da lugar a la familia matrimonial; la constituida por la voluntad responsable de conformarla, llamada comúnmente unión libre; y la adopción, que constituye la familia adoptiva.

Actualmente el concepto de familia ha sufrido importantes cambio que desde la sociología y la psicología se vienen estudiando, es decir, ya no existe un solo tipo de familia, esta se puede desarrollar de acuerdo a otros vínculos que están por fuera del clásico significado, podemos encontrar familias cuyo núcleo está dirigido por abuelos u otros familiares; por una sola figura de autoridad, madre o padre en situación de soltería, viudez o divorcio, o por una persona ajena en consanguinidad que representa la figura de autoridad familiar.

Al respecto la Organización de Naciones Unidas reconoce que en la conformación de las familias en las últimas décadas, se han presentado cambios profundos en las estructuras tradicionales, la modernización, el control demográfico, los factores económicos y las transformaciones en las esferas productivas y reproductivas de la sociedad, desde donde se les asignan a hombres y mujeres roles complementarios que implican mirar el concepto de familia desde otra óptica tanto social como jurídica.

Las Naciones Unidas distinguen otros tipos de familias entre las cuales se encuentran: las multi-generacionales, que se presentan en relaciones de autoridad con abuelos o parientes mayores;  las multi-locales, es decir familias a distancia donde las responsabilidades se separan de la convivencia y la interacción cotidiana, los hogares nucleares con dos proveedores, que le asignan a los cónyuges relaciones equitativas tanto reproductivas como productivas.

Todo lo anterior antes que deslegitimar el concepto de familia como el primer espacio social que tiene el ser humano para construir su esencia y formarse como persona, democratiza el concepto de la misma, desde donde debemos tener en cuenta que la familia como se había venido entendiendo y estructurando cambia en su funcionamiento pero no en su condición básica de célula social, donde el ser humano encuentra la satisfacción de sus aspiraciones y la complementación de sus afectos; debemos reconocer que es el medio moral para la conservación de la especie humana y la perpetuación de la sociedad; es el medio idóneo para recibir educación y donde se trasmiten valores morales y éticos además de ser la continuadora de las tradiciones sociales y políticas. La familia juega entonces un papel fundamental en la formación de las personas como miembros de una colectividad. No importa como estas se constituyan, las relaciones familiares son la base de las dinámicas culturales que permiten a los sujetos adoptar identidades frente a su contexto social.

A pesar del cambio en los esquemas tradicionales, la familia cualquiera sea su conformación es una institución que conecta a las personas con la sociedad y que está en constante evolución y adaptación a los tiempos actuales, y aunque los modelos no sean los mismos de antes, desde su núcleo se dan las posibilidades de construir relaciones amorosas y respetuosas, espacios que sirvan a la construcción de ciudadanía, a la responsabilidad y a las prácticas de reproducción de la tradición cultural, y que son merecedores de la protección del Estado.

Con la Constitución Política del 91, la familia en su condición de unidad fundamental de la sociedad, es acreedora de los principales esfuerzos del Estado, orientados a garantizar su protección integral y el respeto a su integridad.

La obligación que posee el Estado de movilizar los mecanismos necesarios para asegurar la integridad de la familia, lleva implícitamente la utilización de las facultades para hacer cumplir a sus miembros las responsabilidades y deberes que implica la convivencia, su función tutelar se concreta verificando que al interior de los hogares cada cual cumpla con las responsabilidades que se le han asignado.

El deber que posee el Estado de intervenir en las relaciones familiares, no se extiende a la imposición de un tipo de familia en particular o a un modelo determinado de comportamiento, sino que se limita a impedir cualquier violación de los derechos fundamentales de las personas, es decir, que la protección que el Estado debe brindar a las personas no quede reducido al ámbito público, sino que también trascienda los espacios privados; garantizando el cumplimento de su misión y favoreciendo la creación de las mismas.

No se trata de atribuir relaciones causales sino de ver como los comportamientos están sujetos a cambios que tiene que ver con otros modelos. La familia debe ser vista como la posibilidad de libertad por parte de sus integrantes, son sus principios democráticos los que deben ser fortalecidos.

En la familia se forman ciudadanos comprometidos o no para respetar las diferencias, cuyo camino para la construcción de la convivencia pacífica es el aprendizaje de actitudes y habilidades que permitan a los seres humanos las expresiones consientes de su responsabilidad en el mundo como seres sociales; la conciencia crítica con dominio personal formando una juventud  tolerante y solidaria, que a través del diálogo construya límites y estatutos que permitan a los sujetos interactuar de una u otra manera en la sociedad.

Es preciso seguir garantizándole a las familias los beneficios de sus derechos así como la suplencia de sus necesidades básicas, generando políticas de estado que tengan en cuenta los diferentes tipos filiales y su desarrollo como núcleos de identidad frente a contextos culturales determinados.

Invito entonces a seguir construyendo el concepto de familia desde el ámbito de la libertad responsable que nos exige participación para proyectar una sociedad en la que todos y todas nos sintamos comprometidos con la valorización positiva y enriquecida desde el amor y extendida al quehacer cotidiano en pro de una Colombia mejor.

Quiero también invitar a las familias a asumir cabalmente la primera educación de los niños y en forma corresponsable asumir la superación de todas estas crisis, fortaleciendo de esta manera el núcleo social primario.

elsagladys.com

senadoraelsagladys@gmail.com

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