Los Falsos Positivos en el Brasil

EL pasado 7 de agosto el mundo se sorprendió tras la noticia del periodista brasileño, Wallace Souza, quien presuntamente mandaba a matar personas para revelar luego la primicia en su programa televisivo Canal Livre, trasmitido por America TV en el Estado de Amazonas, y así obtener mayor rating en su programa.

Pero este no es el único caso en el que se registran en algunos medios de comunicación atentados contra la dignidad humana por la pugna por audiencia o por obtener beneficios específicos en favor de medios de comunicación o periodistas. Los falsos positivos en los medios de comunicación están a la orden del día y van desde el simple tráfico de la pobreza y la miseria de las personas como lo ocurrido en tiempos de Fujimori en el Perú, con los conocidos “tall show” de Laura Bosso y Magaly Medina, o la cubana Cristina Saralegui en Miami, quienes hacían toda una puesta en escena del dolor y la ignorancia, hasta casos más espeluznantes, como las entrevistas a terroristas serbios en Alemania que mostraban cómo preparaban los ataques; la entrevista a un niño de 8 años que se inyectaba heroína, que le mereció un premio Pulitzer al Washington Post y que luego se descubrió era un montaje de la periodista Janet Cooke, entre muchos otros.

Algunos medios de comunicación y periodistas se han dejado envolver en una guerra mediática que libra batallas en el espacio de las microondas y han llegado a intentar desestabilizar a los Estados; en Colombia incluso han tratado de afectar la política de seguridad democrática; poniendo a dirigentes de otros países a opinar desde los hechos vistos con el ojo del periodista o del medio que en algunos casos son utilizados y en otros artífices de estrategias que en últimas terminan confundiendo a las audiencias; desvirtuando el fin último del periodismo: servir a la sociedad y registrar la realidad.

Así hemos visto cómo militares, congresistas e instituciones entre muchos otros formados como pilares de la democracia, se han vilipendiado y han sido presionados a renunciar a sus vocaciones sin antes consolidarse sus condenas por los jueces. Han sido algunos medios de comunicación quienes validan o no sus culpas.

Así, en ciertos casos que hoy vemos como los llamados falsos positivos en donde se han involucrado a muchos de nuestros militares y que valga la pena aclarar hasta el momento la justicia no ha fallado, es más ni siquiera hay investigaciones; culparon al Ejército Colombiano y le asignaron al gobierno los falsos positivos como una política de Estado.
¡Qué grave esto! Un país que ha estado atravesado por todas las formas de violencia y desacato al orden social, termina culpabilizando en absoluto a sus instituciones.

Por fortuna para nosotros en Colombia gracias a la libertad de prensa y a la formación, profesionalismo y objetividad de la mayoría de nuestros periodistas se ha hecho de las comunicaciones un mecanismo de investigación seguimiento y resultados que han contribuido al debido desarrollo y funciones en lo público y privado.

Hoy las guerras, además de librarse en los campos, contra los violentos y contra los mercenarios hay que librarla con algunos medios. Por el derecho que tenemos los pueblos a la verdad.

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